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El pasado 14 de marzo 2020, se declaró el estado de alarma en España, y, desde entonces, nuestras costumbres han sufrido muchos cambios. Nuestras vidas, tal como las recordábamos, han tenido que modificarse drásticamente, y hemos tenido que aprender a desprendernos de todo aquello que conlleva relacionarse con los demás: desde la cercanía de un saludo afectuoso, hasta el poder compartir un momento dentro de un espacio cerrado. Hemos tenido que renunciar a la libertad de podernos desplazar libremente tanto a un lugar cercano como lejano, para hacer frente a la emergencia de la nueva pandemia…
De repente, un minúsculo virus, hasta el momento desconocido, nos ha dado el alto, y todos tuvimos que parar. No es la primera vez en la historia que los hombres tienen que enfrentarse a ese reto, pero esta vez, quizá por el tipo de vida frenética que llevamos, sobre todo en las grandes ciudades, la facilidad con la que podemos coger un avión y encontrarnos en la otra parte del globo, la pandemia nos ha afectado a nivel mundial, y cada país ha elegido una forma diferente de contener los contagios y reestablecer una nueva normalidad.